Los XXXI Talleres Internacionales del FRAC del Pays de La Loire se inscriben este año dentro del marco del año Francia-Colombia 2017. Alejandro Martín envía este reporte sobre la residencia de dos meses con cinco artistas colombianos en el FRAC: Rosario López, Danilo Dueñas, Herlyng Ferla, Verónica Lehner, David Vélez; con el tema de la caída y el peso como punto de partida.

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El nombre de la exposición The Way Things Fall (“Así caen las cosas”) pone la mente en situación: ha sucedido algo, se escuchan ruidos al fondo, obliga al espectador a tomar cierta posición; el título habla del peso y de la carga, conecta la situación actual con algo que ha sucedido antes, revela una cierta tensión.

Puede hacernos pensar en imágenes muy concretas: una montaña que se transforma en avalancha, un objeto de cerámica que se quiebra en mil pedazos, alguien que se cae al tropezar con una piedra.

Una casa que fue construida según un diseño muy preciso; y que fue habitada por generaciones; cae en ruinas cuando es abandonada.

“Así caen las cosas” nos habla de momentos de crisis: cuando todo lo que ha debido comportarse de un cierto modo se viene abajo. Pero también puede ser pura paranoia: uno tiene la impresión de que todo se va caer y, si bien nunca sucede, uno escucha, al fondo, cómo las cosas se van resquebrajando.

Pero sobre todo nos habla del tiempo. De la fortuna. No todo tiene que ser trágico. Se trata de poder ver, de tener la atención necesaria para percibir las cosas en su lugar, para dejarlas ser.

Dejar que las cosas ocupen su lugar propio.

La caída nos habla de la gravedad, de las fuerzas que nos rigen. De la fuerza que necesitamos para levantarnos. Toda espiritualidad tiene que ver con esa tensión entre el abajo que nos jala y la voluntad de ascenso que inspira el cielo. Pero también, cómo de la gravedad podemos obtener la fuerza para movernos.

El título de la exposición nos brinda un entrada particular hacia al arte como disciplina que se ocupa del sentido y el significado de las cosas, pensándolas de modo simultáneo como ordinarias y como míticas. Específicamente, nos hace conectar el objeto con el lugar en que está, desde la perspectiva de la persona que interactúa con él. Nos obliga a tener en cuenta el modo en que todo objeto se inscribe en un tiempo más largo: siempre existió un pasado en que era algo diferente y un futuro donde ya no será aquello que quiso ser.

Esta idea de mirar las cosas teniendo un panorama más amplio busca poner en relieve la posición del arte latinoamericano en en contexto mundial. Donde hay que señalar, en especial, la forma en que los artistas brasileños pusieron en cuestión la historia del arte, en especial la idea de abstracción, a través de una mirada muy atenta a los elementos concretos de las piezas, a su estructura profunda. Y cómo lo hicieron al situar los objetos artísticos en un contexto mucho más amplio que era consciente de los modos de vivir la ciudad; las diferencias que se establecen entre las clases sociales a través de los modos de construir, habitar y ocupar los espacios urbanos.

Esta forma de asumir el arte está ligado también al modo en que los artistas del sur del continente, Uruguay, Argentina, Chile, en un contexto de represión y dictadura, asumieron el giro post-moderno del arte, no en la dirección de las actitudes auto-referenciales del arte conceptual del norte, sino en la vía de las posibilidades políticas ofrecidas por las aproximaciones lingüísticas no- objetuales, ligadas a las manifestaciones públicas, a las intervenciones urbanas, a los modos de cuestionar y elaborar la propaganda según modalidades críticas.

Todo esto brinda un marco par presentar distintas perspectivas de artistas colombianos sobre estas cuestiones, en particular, los modos contemporáneos en los que se cruzan pintura y escultura a la hora de pensar los objetos y su relación con el espacio.

Rosario López y su elaboración precisa y metódica a la escultura como investigación sobre el paisaje, que buscar revelar, mediante el tratamiento de distintos materiales, las complejas estructuras subyacentes.

Herlyng Ferla y su mirada silenciosa de los objetos, atento a sus propiedades más filosóficas, para que mediante un cuidadoso tratamiento de la materia dejen emerger una serie de posibilidades imprevistas, de lecturas que si bien nos sorprenden, nos parece que estaban allí desde siempre.

Verónica Lehner y el modo en que convierte su aproximación física a la pintura, en el trabajo de taller, en una cuidadosa observación de los residuos que encontramos en calles y caminos, y todo lo que tienen por contarnos las capas que configuran sus superficies.

Danilo Dueñas y su profunda revisión de la historia de la pintura, que deconstruye al poner de cabeza los espacios que interviene; revelando las tensiones y dejando aflorar los espíritus que allí habitan.

David Vélez y su interés por los registros sonoros, su reflexión sobre las posibilidades acusmáticas del performance, y sobre los modos de relacionarnos con los objetos – y con los demás – en un espacio hecho de sonidos.

En esta residencia, al compartir conversaciones, lecturas, películas, comidas y caminatas, trabajando juntos en la sala y sus alrededores, queremos elaborar el pensamiento de los objetos y sus relaciones en el espacio. Intentando olvidar la idea de la exposición como una serie de objetos separados, queremos pensar esta exposición, y la creación artística en general, como un proceso, donde lo que en realidad importa son las relaciones, y el tiempo que se puede revelar al tomar con cuidadosa consideración el espacio que estamos invitados a ocupar.

El Padre Pío y la crucifixión (Pesebre), 2017 Instalación.

Fotografía del Padre Pío, fotografía de Matisse en su capilla en St. Paul de Vence, pared caída y aplastada por su peso, maderas pintadas, objetos encontrados en el mercado de las pulgas, 2 camas, cajas de plástico, carretilla de mercado, maderas encontradas, acrílico sobre lienzo, pequeño altar frente a la figura del Padre Pío, cuatro velas para cuatro santos. Dimensiones variables.

“La obra intentará llevar al espectador a una profunda reflexión sobre la suerte de la Iglesia católica. A través de cuatro santos de diferente procedencia: Italia, Gales, Inglaterra y España. La obra intentará saber por qué la presencia en distintas épocas sirve para estrechar los lazos de su comunidad hoy tan carcomida por el mal. Baste decir que la Iglesia perdurará indefectiblemente por los siglos venideros.

El pesebre junto con la crucifixión, constituyen las dos fuentes del amor de Nuestro Señor Jesucristo. En ambas Él está presente y ambas se coligen para ser lo mismo: el amor eterno de Dios para todos sus hombres.”

Danilo Dueñas

En el mismo momento que Danilo entró a la sala del FRAC para ver la exposición anterior, tomó la decisión de que uno de los muros de dry-wall que dividían la sala debía moverse y subirse a uno de las muros laterales. Luego de hacer todo lo posible por subirlo lo más alto posible, el muro colapsó tal cual se puede apreciar en la sala. A partir de allí, comenzó el trabajo del artista de ir recogiendo objetos y experiencias que ha ido disponiendo con meticuloso cuidado.

En la configuración que se ha ido constituyendo hay algo que recuerda muy directamente una obra anterior suya: Trailer exhibition, 1996, donde creó, al interior de una enorme exposición colectiva (el Salón Nacional de Artistas), un espacio autónomo que podía verse como un container de tres paredes con el suelo inclinado. Los visitantes eran invitados entonces a entrar en la obra, que a su vez era una exposición: una pequeña retrospectiva . En este caso pasa algo muy especial, que lo diferencia de la operación anterior, y es que el suelo que tenemos ante nosotros es a la vez muro y suelo.

La referencia religiosa, que recoge la cotidiana religiosidad de la vida de Dueñas, nos señala cómo es imposible pensar la idea de la exposición, y de curaduría, sin recordar la configuración de las iglesias. Y en particular, el camino de la cruz, que es ese relato que se narra en todas las capillas, y que nos habla del enorme peso de la cruz, relatándonos, una por una, las caídas de Jesús y el gran efecto, sobre la historia de todos nosotros, de la fortaleza que le permitió llegar hasta el final.

La tierra importa – Land Matters, 2017
Instalación / Yute, plaster, glue / 3.50 x 4.50 x 4.00 mts.

“A partir de una experiencia en el paisaje australiano, construí una serie de objetos escultóricos tratando de ampliar los conceptos del borde y frontera, como entes orgánicos que oscilan entre la quietud y la firmeza, la movilidad y la incertidumbre. Me interesa establecer puntos de cruce de diferentes paisajes que he visitado como los acantilados del Pointe du Raz en Francia y el Cabo Raul, en Tasmania y proponer desde esta observación una cierta geometría que reaparece cada vez que analizo estas imágenes.”

Rosario López

Esta instalación de Rosario López hace parte de su proyecto más reciente, La tierra importa, iniciado en Australia el año pasado, y a su vez recoge muchos elementos de su investigación escultórica, que ha desarrollado por décadas. Esta consiste en una forma muy especial de estudiar el paisaje, que ha involucrado viajes lugares geográficos de gran potencia, como los glaciares de Calafati, al sur de Argentina, y el desierto de sal de Potosi en Bolivia, en los que la fotografía cumple un rol crucial al funcionar como herramienta de visión y pensamiento.

En cada uno de los casos, las fotos son un punto de partida para el proceso de análisis, que se convierte en cientos de dibujos y gráficos que buscan revelar la estructura subyacente. A su vez, ese dibujo se sale del plano del papel y se convierte en hilos, telas, y distintos tipos de materiales que van explicitando distintas configuraciones en modelos y maquetas. Y de allí, procede a la elección del material para realizar la instalación final, que lleva a otra escala las ideas, y da como resultado un objeto nuevo, con muchas referencias al lugar original, pero de riqueza propia.

La pieza que vemos aprende de muchos de sus proyectos anteriores: las posibilidades de las fibras de yute que buscaron capturar la estructura del desierto boliviano, la ligereza de la tela que investigó con el viento en Insuflflare, la relación con las ventanas en el techo de su proyecto en el Archivo Distital en Bogotá, la consistencia que le daba el yeso a la enorme pieza colgante que realizó para OpenArt en Suecia. Ahora, inspirada por la torre de Babel, reelabora la idea del acantilado con una pieza que conecta de la manera más sutil la tierra y el cielo.

 

Une affaire de fricción y gravedad, 2017 Composición, 6 canales, 2h. 30 min

“Esta pieza fue compuesta con sonidos grabados en mi estudio cuando tocaba con una serie de objetos que incluyen vasijas de cerámica, barriles de petróleo, lavamanos, puertas de lockers, bloques de espuma, entre muchos otros. La composición también fue compuesta con grabaciones de campo, realizadas en el área del Pays de la Loire, cerca de Nantes, y con sonidos de la casa en la que me alojé como artista en residencia en el FRAC. Finalmente, la composición contiene capturas de los proceso escultóricos e instalativos de los otros artistas.”

David Vélez

David propone una banda sonora para la exposición, y lo hace trabajando a la manera de los antiguos creadores de foley, que ambientaban los melodramas radiales utilizando todo tipo de diferentes herramientas para simular distintos sonidos: unas latas para una tormenta, unas tazas para unos cascos de caballo.

Esa misma idea del foley inspiró otra pieza que David creó para la residencia: un performance sonoro interpretado por dos actores. Para ello dividió con un muro la sala-cocina de la residencia en dos espacios, en uno quedaban encerrados el comedor, la cocina, la lavandería, el baño, y en otro se creaba un auditorio para el público que quedaba sentado frente a un muro donde estaba colgado plano arquitectónico del espacio que no podía ver. Los actores, con una serie de ruidos y gritos, representaban una pelea de pareja que terminaba con el sonido radical de un plato que se rompía contra el suelo.

Ambas piezas dan cuenta de los intereses de Vélez como artista sonoro, de toda su experticia en las grabaciones de campo, de su reflexión a la vez artesanal y tecnológica sobre la idea de “objeto sonoro”, y en especial de las múltiples formas de pensar lo sonoro a través de lo performático, tema que está desarrollando en sus estudios de doctorado.

Y, en especial, en estas dos composiciones, David ofrece generosamente al público algo de lo que ha significado la experiencia de residencia al FRAC. El performance de la cocina se ocupa del espacio principal de convivencia, de encuentros y de desencuentros. En la banda sonora conecta al espectador con todo el espacio que nos rodea, con el tiempo recogido por las piezas. Y lo más interesante es que lo hace a través de la creación de ficciones, de crear con los sonidos actuales situaciones que nunca tuvieron lugar, catástrofes que aún no han sucedido.

Port Jean (Labour of love), 2017 Bote de segunda, hierro, esmalte y pintura acrílica 3,0 x 1,45 x 2,80 m

“Este proyecto parte de la idea de aterrizaje. Así como este museo aterrizó en Carquefou por razones circunstanciales más que por su relación estrecha con el contexto, nosotros cinco también terminamos juntos en este pueblo del que no sabíamos nada. A partir de recorridos de reconocimiento de lugar, estuve buscando cómo crear alguna conexión entre la FRAC y su entorno, además de establecer una relación entre el lugar y yo.

Y ésta se dio a partir de la imagen que encontré de unos botes en el Club Náutico de Carquefou, que organizados verticalmente generaban una especie de pintura encontrada y proponían una paleta con sus colores y texturas. La fascinación por esto me llevó al objeto del bote y a la necesidad de convivir con él, de ir conociéndolo en la medida en que trabajaba en él, como si al final fuera a salir a navegarlo.

La labor se vuelve una herramienta de análisis de las cosas, una forma de involucrarse con ellas y de dejarlas ser en sí mismas. Se vuelve una forma de pensar las cosas, de darles un lugar para que puedan ser, más allá de la

función que puedan tener o el propósito de su existencia ligado a otros objetos o sistemas. También es una manera en que el objeto mismo se va construyendo, se va mostrando, va siendo en lo que le es propio.

Esta relación de cuidado se da por capas de tiempo, capas que se van descubriendo y que van dando paso a otras nuevas, como muchos momentos de pinturas encontradas. El tiempo de trabajo importa sólo en relación a esos momentos de cuidado, y la “restauración” de apenas la mitad del bote niega su propósito de desplazamiento y el de permanecer a flote sobre el agua. La figura del bote es un motivo recurrente en la historia de la pintura, pero aquí es la pintura misma, que genera más pintura y va habitando el lugar, lo va conociendo y lo va mostrando.”

Verónica Lehner

En Berlin, Verónica llevó unos ladrillos de paseo, tirados por una cuerda, como si fueran una mascota, grabando el video el performance desde una perspectiva subjetiva, con especial atención al sonido. En Cali, recogió viejas estibas y las alteró de modos muy sutiles, creando ricas superficies pictóricas; al final las exhibió de nuevo en la calle, dejándolas abandonadas para que cada una encontrara su destino.

Todo este tiempo ella ha mantenido un trabajo constante de taller, de pintura con acrílico sobre lienzo, torciendo y retorciendo el material con diferentes métodos, fijándose en los efectos de plegar y desplegar, de alterar la pintura con agua y otras substancias.

La atención de la superficie pintada como objeto está conectada profundamente con sus experimentos con los objetos encontrados. En todos sus proyectos podemos notar su aguda sensibilidad sobre las relaciones entre pintura y escultura, y las formas cómo potencian nuestra relación con el espacio.

Maqueta para un memorial, 2017 Base de metal, 41.519 cubos de azúcar

“Revisar en Google Earth el mapa de Carquefou. ¿Cartografiar sus rotondas? Sólo mirarlas. ¿Qué hacen las rotondas? Son pedestales vacíos. Permiten devolverse del camino equivocado. También permiten girar eternamente y sin sentido. La rotonda hace circular. Circulación de vehículos en el espacio público. Circulación de personas en el espacio privado (…)

Organización de partículas. Polvo. Piel. Cemento. Materias orgánicas. Materias inorgánicas compactadas. Todas las materias del mundo. Acumulación. Recolección. Hay una parte de mi trabajo que se ocupa en recoger y ordenar. Recoger y dar sentido. (…)

Los bloques de azúcar, como módulos para la construcción de una estructura urbana europea implica la redefinición de una relación histórica con el pasado colonial, con la noción de trabajo precario, con el azúcar como fuente de energía (no hay que olvidar que los ciclistas colombianos soportan las duras subidas en el Tour de Francia gracias al consumo de panela) y con el señalamiento de mi lugar de origen, Cali, cuya economía se construye en torno a la caña de azúcar.”

Herlyng Ferla, diario de Carquefou

Hasta hace poco el trabajo de Herlyng se basaba en la transformación de residuos que encontraba en la calle. Aquellos que encontraba interesantes los llevaba al taller, que era también donde dormía, elaborándonos cuidadosamente y configurando distintos objetos poéticos que buscaban revelar su naturaleza más profunda. Con todos ellos desarrolló una meticulosa reflexión escultórica que encontró buen nombre en el título de una de sus obras “Metafísica concreta”.

Poco a poco su taller/hogar se fue llenando de todo tipo de restos, de materiales, de obras en proceso, y de obras terminadas. Hasta que hace muy poco decidió tomar una decisión: dejar ese espacio, conservar sólo unas muy pocas obras, y botar todo lo demás. Desechando incluso obras finalizadas que era muy complejo mover y guardar.

No se trató sólo de un cambio de vida, venía también con un cambio en la forma de trabajar.

Que tuvo que ver también con una exposición “Las cosas en sí”, de la que fue uno de los dos curadores, y que despertó una gran polémica al poner en cuestión el significado que los artistas quieren dar a las obras y abrirlo a la relación con las otras obras y la mirada del público.

Hoy, Ferla no cuenta con una base fija, y en este nuevo momento de su vida, tras una residencia en Brasil donde trabajó con distintas superficies sobre la idea del recorrido de las palmeras por el mundo gracias al trabajo de las olas, los caminos lo trajeron a Francia, para encontrarse con estas calles llenas de glorietas, donde cada cien metros toca tomar una nueva decisión.

“Todo comenzó de una invitación a proponer una exposición que fuera el resultado de una residencia. Fuera de las condiciones del proyecto, del espacio, de todo lo que implicaba que un grupo de colombianos expusiera en una institución francesa, pensé en elaborar una idea que me inquietara, un problema que me tocara. Y entonces regresé a esa imagen de cómo mi biblioteca se me venía encima, aplastándome, una pesadilla que me persigue desde hace tiempo.”

Alejandro Martín

Esta exposición funciona en paralelo con otra que Alejandro realizó hace tres años: El diablo probablemente. En ese proyecto, el punto de partida era pensar al artista contemporáneo como un personaje. Por lo tanto, estructuralmente, la curaduría asignó a cada artista una habitación separada, pensando en la relación entre el personaje y su habitación. Y como la exposición se pensó como una teoría del complot (sobre aquellas fuerzas del mal que jalan pero que nunca revelan el titiritero), el conjunto de habitaciones se organizó a la manera de un burdel.

En este caso, para los Talleres Internacionales de la FRAC, Martín planteó crear la situación contraria, crear una exposición en la que todas las obras conviven en un gran espacio común sin muros que las separen, y la muestra se configura precisamente en las tensiones y relaciones que suceden entre las piezas. Oponer a la manera de pensar principalmente narrativa de la pasada muestra una forma más matérica, donde fuera la presencia y los materiales de los que las piezas están hechas los que determinaran su sentido y forma de estar.

Actualmente, Alejandro se desempeña como curador del Museo La Tertulia en Cali, museo de una ciudad que vive un momento de cierta renovación después de años de profunda crisis económica y anímica. Ese trabajo, de grandes satisfacciones, le ha resultado una enorme responsabilidad, que le ha despertado todo tipo de miedos. Así que justamente entender cómo lidiar con el peso, y cómo dejar que las cosas encuentren su propio lugar, resulta un aprendizaje importante para su trabajo y su vida.

 

 

Agradecimientos Éricka Flórez, Museo La Tertulia, Cali.