Manifiesto Transcuratorial

Los hijos de Mark AmériKa responden a Cuahutémoc Medina, notas al 44 salón

El sentido de la obra nació del movimiento que unía los signos emitidos por el artista, pero también de la colaboración de los individuos en el espacio de exposición. (Después de todo, la realidad no es otra cosa que el resultado transitorio de lo que hacemos juntos, como decía Marx.) Nicolás Bourriaud, Estética relacional

 

Nosotros los artistas

Declaración

Situados en el futuro del manifiesto Avant Pop constatamos que no hemos sido penetrados por interfaces electrónicas sino por una sofisticada plataforma institucional a la que llamaremos la mediación.

Se nos hace creer que vivimos la consumación sin precedentes de un  arte relacional.

Lo que se vive es el estatuto del artista infame. Del figurante. No es sólo el hombre común de Foucault, el de Bourriaud, quién pide su momento efímero, también el artista se encandila en La mediación.

Se trataría de entender qué tipo de relación encarna la mediación, y si realmente es una relación. Si seguimos en la relación o la hemos atravesado hasta enrarecerla. De tal manera que se recupera la idea de un arte y de un artista, museificados, puestos en escena. Por la mediación.

Vivimos el sin precedentes de la mediatización crítica.

El artista ha dejado de ser un médium para transformarse él mismo en el lugar de la mediación.

De realizador y empresario ha pasado a ser un proletario más de la cadena de explotación.

Un singular ejemplo de la proletarización y explotación, en este caso, gestionada sobre su escasa figuración y poder político.

Es él quién permite poner en funcionamiento la mediación, pero no como un poder sino desde su posición de ser un elemento plausible que tiene algo que se puede mostrar.

Pero no se trataría de la espera de un acontecimiento que está por venir, no se lo espera de ninguna manera y desde ninguna circunstancia, lo que acontece es el súbito resplandor de la mediación que ha engranado la expectativa, el consuelo de un devenir que sabemos defraudado de ante mano. La mediación ha anticipado el devenir, trastocado la espera. Y toda relación está prevista y engranada previamente. Sin expectativas, el acontecimiento es lo prescindible, apenas algo que mostrar salvo la mediación.

No habría un comportamiento del artista sino un cómo comportarse, así su cómo situarse en el espacio se encuentra prefijado desde ya por esa mediación.  Como el figurante que es, un artista opera los signos previstos por la mediación, su manera de habitar, su accionar de un sentido. Toda vivencia plena es sólo un artificio, un mote de la libertad, una estandarización de la que participa inopinadamente.

Cuando la mediación ha cobrado su carácter de absoluto en razón de su no prescindencia podemos señalar que la mediación es la ideología en que se inscribe la obra, teniendo así que responder y respaldar esas prácticas, teniendo que dialogar con el contexto que en adelante es el mundo que representa la mediación.

¿A qué diálogo podría autorizar la obra? en adelante se tratará de un silencio que replica el régimen de la mediación, su política. Entonces la relación a la que aspira la obra, el diálogo tácito que en ella subyace es el de poder ser vocera de un mundo organizado en que cifrar su indecisión.

De suerte que ese diálogo es ya la situación de un discurso delimitado y que se sabe políticamente correcto. En apariencia estaría abierta pero no para cualquiera que viniera a completarla, desde ya ella ha producido sus slogans y su complementación en el discurso que podría decirse en torno.

La mediación actuaría como facsímil de la forma con unos intereses particulares. Esa forma sería la de un discurso que es la obra plena. Previa a la mediación la obra es una situación más en espera del montaje y la producción. Así la palabra apertura y cierre son verdaderos acontecimientos porque son la garantía de su perdurabilidad o caducidad.

La mediación es la lógica del capitalismo tardío. La mercantilización que infantiliza la cultura. El artista ha depositado su criterio y su posibilidad de gestión, ha cedido su voz por la representación en otro. Su creación sólo será completa por la mediación. Que la garantiza en el espacio y la lleva a su ser plausible.

No podríamos seguir afirmando que es un ritual, que se trata de un ritual, como tal ha pasado a ser un asunto de gestión, de administración de las formas y los actores y las ideas estéticas.

¿Y cuál podría ser la trayectoria, el movimiento de ese pensamiento gestionado en obra? Ahora es ella quien gestiona lo que le viene dado, el pensamiento que empieza a cultivar como germinando las semillas que vienen a hacerla plausible, de lo contrario casi sería inexistente, sin móviles apenas que pudieran hacerla viable y coherente en el aparato. De gestión. Entonces no tendría pensamiento porque el pensamiento brota precisamente en la germinación cuando a la parte se le hace corresponder el dictamen crítico. La germinación en consecuencia tiene lugar. Pero no se trata de una metáfora. Literalmente las obras hibernan en esa noche de inexistencia estética a la espera de la mediación.

En adelante esa relación que de hecho era suya y que se propiciaba en cuanto acontecía como obra, es la relación que puede establecerse sólo en la mediación. La producción matiza y crea los canales para que pueda establecerse y fluir esa relación. Como práctica, la obra está siempre a la espera, en ese silencio de la noche curatorial, ese desierto en que las obras son trastos que cualquiera podría disponer, pero que luego de la hibernación asumen las posiciones que la mediación les otorga. La práctica artística no es el comienzo y lo que haría posible ese comienzo. Es un darse siempre diferido por la mediación. Por esa tecnología de la mediación.

Habría que preguntarse si esa tecnología no crea su propia gestual, si el artista y su obra no están idénticamente producidos en la mediación. Porque puestos a germinar,  obra y producción de obra,  asumen esos estados psíquicos con los que calcan la idea.

Se habla del territorio, de la trocha. Pero ahora no se trata del camino trazado por el artista, de su atajo conceptual,  sino precisamente del camino que la mediación ha trazado para que todos podamos conducirnos en ese diseño que hace posible habitar la ocupación.

Si quisiéramos describir el resultado de la mediación desde un punto de vista materialista diríamos que se trata de la reducción de la significación que tendría la obra y su creador, en adelante el lugar de la significación está gestado y gestionado por esa mediación que no es sólo su valor de uso sino que además establece los criterios generales en que obra y artistas de la mediación se conciben como las mercancías de gestión. Desde un idealismo conceptual, la obra se traza en la promesa por venir que ese trabajo de la mediación abre en el horizonte del arte actual. La promesa de un trabajo por venir en las agencias y emprendimientos de la mediación estética.

El arte compacto de Bourriad todavía consecuente con las predicciones del manifiesto Avant Pop, pensaba nuestra época como una experiencia estética multimedial, en efecto toda esa interfaz se consolidó en la producción, un canal virtual que poco a poco se materializó hasta la reducción en agentes de mediación. Hoy la virtualidad de esa experiencia es apenas un caso anecdótico de la ficción multimedial del Arte Avant Pop.

Un horizonte de universos virtuales poblados por las derivas del artista Avant Pop y visitado y celebrado por autónomos cibernautas en espera de su inventiva es sólo una anécdota trivial de lo que parece una anticuada y romántica narrativa.

Son los tiempos del coaching ontológico del arte. Del coach de arte. Individuos preparados en modelamientos psíquicos, de públicos, de territorios, de discursos, de experiencias creativas. ¿Quién lo creyera? Así vive la época la pauperización sin precedentes de un tipo de sujeto al que por sus capacidades performadas la estética de la costumbre continúa llamando nostálgicamente artista.

 

Claudia Díaz, septiembre 2016

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Notas

  1. Enlace al manifiesto Avant Pop, traducción de Pablo Batelli
    http://chipcheapness.blogspot.com.co/2006/11/manifiesto-avant-pop-traduccin.html
  2. Cuatemoc Medina y su Poética Curatorial del Museo Amplificado

El Museo Amplificado es la supervalorización del curador. No sólo como mediador sino como gestor. Como editor. Como productor. O como albacea de todas esas prácticas, curador, editor, diseñador. Estas prácticas comparten un eje común en el catálogo de exhibición que cumple la función de relacionarlas y de crear un puente común hacia el público. El catálogo es el médium de los valores de obra de la muestra, allí se los condensa y se los rotula para su consecuente recordación. De esta manera se forman los slogans que cubrirán esa escena curatorial. El curador trabaja con un equipo encargado de dar visibilidad efectiva a esas ideas, en ese sentido se trata de un ente empresarial que moviliza una cultura empresarial sobre la cual actúa en tanto  es su representante. En esa cultura empresarial es central el proceso de edición, el editor es determinante en tanto productor y diseñador de un producto y de los efectos y alcances de ese producto editorial. La curaduría llega a su etapa culmen de representación del consumo. Se trata de una curaduría de diseño en que cada detalle ejerce un valor de representación en esa idea del museo amplificado. Allí todo cumple su rol y comparte unas ciertas características de diseño. Un estilo. Se trata de un específico diseño para una específica línea curatorial. El museo amplificado produce así una escritura tipo, un artista tipo y un accionar editorial y curatorial, que cobijados  con una impronta común puedan procurar a su vez garantías presupuestales y confianza empresarial. De esta manera el arte es un producido de esa seriación curatorial que trabaja tanto a nivel teórico expositivo como a nivel administrativo. En esa cadena de producción el artista es apenas un actor del conglomerado que debe seguir la obediencia de esas políticas curatoriales, editoriales y administrativas.

3. El 44 salón de ARTE como Museo Amplificado

El 44 salón Aún es un texto en primer lugar, quizá  una narración, pero no la narración que todos esperan contextual a ese motivo consuetudinario de la paz, en consecuencia no se trata de un texto afirmativo ni tampoco de un texto que celebre  o promocione alguna comarca- dicen sus organizadores. Tampoco sería una celebración del establecimiento o de los sectores desfavorecidos haciendo eco quizá de los residuos de una pornomiseria en vías de extinción. Se trata más bien, -continúan sus gestores, de hacer visibles las tensiones en que se mueve el artista y las soluciones que se proponen a esas tensiones. Son obras, continúan, – relacionadas con el contexto donde se van a dar.

Este es el marco en que se inscribe el 44 salón, un marco un tanto difuso para quienes esperan una idea de salón desde la concreción y desde la objetualización.

En el caso de Aún nos encontramos ante una idea de salón inscrita en los marcos de una estética. La estética relacional. Pero que ha enrarecido su forma relacional hasta el punto de transformarse más bien en lo que Cuatemoc Medina describe de su hacer como curador, como una práctica de Museo Amplificado. En esa práctica el artista ha tomado una posición secundaria y operacional, en tanto el valor se ha desplazado hacia la idea curatorial, el diseño, el valor editorial, el componente de formación y pedagógico, el componente expositivo, la administración y todas las operaciones necesarias para movilizar la empresa cultural de una exposición.

Con respecto a la curaduría el eje y valor curatorial de este 44 salón es el del posicionamiento de la idea curatorial de territorio y de paisaje. Un territorio en permanente construcción. Una idea que busca hacer plausible el contexto en el sentido de buscar su transformación. Lo que habría que entender como visitante es que el salón es el desarrollo de esta idea curatorial, y el artista y su obra son ideas de esa idea curatorial, variaciones de la idea que buscan agenciar esa idea de territorio. El  artista es un agente más de ese museo amplificado que constituye la curaduría y la gestión en derredor, el artista cumple con la función de inscribirse en esa narración general para con su obra, hacer un comentario, una nota de pie de página, una digresión, a la  idea curatorial.

Esta idea paralelamente está unida a la idea de sostenibilidad del salón, a las implicaciones de buscar posicionar la idea desde la realidad presupuestal de un salón con un fuerte recorte de presupuesto. El tema administrativo y el tema promocional en consecuencia hacen eco en el carácter del salón. El resultado es un salón con un talante discreto y acogedor.

La idea de territorio además se desmarca de la visión tradicional de un salón que trabajaba buscando la representatividad de lo idiosincrático de cada región y de los artistas de cada región. La noción de territorio como idea curatorial en cambio significa trabajar en un eje de amplificación curatorial que implica inscribirse en un marco internacional, también curatorial. Por eso las ideas complementarias de Aún son las de fronteras móviles, territorios inestables, espacios provisionales de autonomía, trochas y encrucijadas. Ideas en que la idea de territorio se hace frágil y se desestabiliza.

La idea de salón como una práctica que modula otras prácticas es el desarrollo de una idea de arte como una actividad artística dada que entra en juego en un momento y en un contexto determinado. Es un aquí y ahora, un momento. En cierto modo una duración.

El eje central de la curaduría de Aún es el de proponerse como un acto de mediación  que procura una práctica de sensibilización sobre la idea de Aún. En cierto modo pareciera toda una empresa pedagógica sobre una nueva manera de asimilación de tal agenciamiento, no ya desde la novedad de una nueva estética sino desde la conformidad y la convicción plena que se trata de otro momento estético y que requiere de su sensibilización y de su aceptación plena como idea. Ese es el sentido de construirse no tanto desde el punto de vista expositivo sino como un laboratorio de experimentación y expansión de la idea. Una idea en proceso. En permanente construcción. La idea de territorio. El Aún de la convocatoria. Del diseño editorial de la convocatoria.

Prácticamente no tiene sentido hablar de obras, se trata de ejercicios de producción de territorios. Estos ejercicios generan sentidos que amplifican la idea general, son trochas hacia esa idea. Esto no significa una lectura alegórica porque las obras han devenido en ejercicios de ampliación de una idea mayor que es la idea que sintetiza el salón, el de ser un territorio en construcción. Si la curaduría general del salón es la idea, cada segmento de salón es una trocha  que literalmente se abre espacio en esa idea general de territorio. Literalmente las trochas van abriendo espacio, los espacios que el museo amplificado abre simbólicamente y literalmente a través de las pedagogías, los textos, los catálogos y todas las prácticas paralelas. Incluso a través de la utopía de  proponer veladamente desde el arte una suerte de modelamiento futuro de ese observador, de ese artista. Un coaching social y cultural. Quizá ontológico o paisajístico.

También el público será sensibilizado y pedagogizado para emprender esa trocha hacia el territorio. Hacia la idea curatorial. Hacia un tipo de inscripción en el contexto. Todo Aún es la gran empresa, una unidad que podemos percibir de dos maneras, objetualizándolo sería la percepción de un descuartizamiento general que lleva al desconcierto. Pero si entramos en la égida de esa pedagogía y sensibilización seremos parte de ese todo, de esa orquestación semejante a un hormiguero o a una colmena, que sería el arte de nuestro tiempo.

Se trata de la producción de pensamiento, que es en últimas lo que hace el arte- dice uno de los curadores de Aún. Pensando en que tal vez todo ese hormiguero pueda modificar su elemento.

 

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